
En la vida... en mi vida hay diferentes categorías de personas.
Están los conocidos, que son como su propio nombre indica, gente de la que con suerte sé el nombre, y que en algún momento han entrado en contacto conmigo. Si nos vemos, hola que taaaal, y hasta luego lucaaaaas. Sin pena ni gloria. Aquí entran los antiguos amigos, las antiguas parejas, los antiguos compañeros de clase, piso, trabajo...
En una categoría distinta están los alumnos y exalumnos que me han llegado a interesar. Son gente de la que sé bastante, des sus vidas y rendimientos académicos. Pero que aún están por formar, son pre-adultos. Se puede vislumbrar cierto brillo de piedrecita mágica en algunos, pero aún hay un largo camino que recorrer, que si es como el mío, largo, tortuoso y lleno de peñascos. Con los que más brillan me gusta mantener el contacto, pues mi teoría no falla y llegarán a ser gente estupenda.
Luego están los compañeros de algo, actuales. De tajo y de enseñanzas (en mi caso, de idiomas en exclusiva). Con esta gente compartimos pupitre, apuntes, notas, críticas a los asnos de los alumnos o profes, cotilleos locales, cafés, horas... Pueden alcanzar el grado de pedreta mágica, pero sólo una cuidadísima selección lo consigue.
También están los amigos, els de tota la vida. Castellón's power. Nos une una historia común, mucha farra, mucha saliva invertida. Pero me doy cuenta de que no me importan demasiado, pues las amistades de este tipo, teñidas de cerveza, no calan demasiado hondo. Es una manera un poco egoísta de luchar contra la soledad, contra la rutina, contra el puteo del jefe.
Y por último, les pedretes màgiques. Esta clasificación la inventó Martita, la de Reus. Y me encanta. Estas pedretes se caracterizan por estar repartidas por el proceloso mar de las ondas herzianas. De momento, nos limitamos a Europa. Son personas alucinantes, con una vida interior rica, con una vida exterior generalmente de la misma calidad. Pero tienen una característica común: me importan muchísimo. Cuando nos vemos, c’est le bonheur!. Y si nos resignamos a hablar por teléfono, pues las líneas low cost no dan para más, notamos que hablamos la misma lengua. Es una especie de comunión espiritual (una tiene un padre del Opus para controlar este vocabulario).
En mi mapa del mundo mental hay una ficha roja por cada pedreta que tengo. Cuando me siento solita y desamparada, pienso en ellas. Las cuento, las recuento, las llamo por el nombre que me hace sonreír, sopeso cuanto cariño juntan todas, cuán importantes son en mi vida. Y se me pasan los males, aunque en Madrid llueva y haga un frío de diez mil demonios.
Tengo en Castellón, en Valencia, en Reus, en Barcelona, en Girona, en Alicante, en Córdoba, en Londres, en Alemania, en Francia. Y ahora, he encontrado una pedreta màgica en Madrid! Justo cuando decido que me voy de aquí, que este frío me mata, justo cuando llamo a Serveis Territorials y me explican cómo presentar mi instancia pa largarme a Barna, aparece Rosa en mi vida y me parece que la conozco de siempre. Me hace tan feliz conocerla... Tal vez mi vida sea eso, tener pedretes por todas partes y pensar en ellas cuando me siento triste.
Soy la persona más afortunada de las poseedoras de pedretes màgiques.
Apali, me voy a corregir exámenes sobre las instalaciones de las viviendas: luz, agua, gas... Aunque sé que todos me envidiáis y os morís por estar en mi lugar, boli rojo en mano, no pienso dejaros disfrutar de este momento. Si consigo no vomitar, del asco que me da el tema, me daré con un cantito en los dientes... :p








--Frontal.jpg)
