***Y sigo relatando mi finde, que a este ritmo se me acumula con el próximo, que ya estamos a jueves.
***Me quedé en el sábado en Reus, donde comimos en un bar que me encanta, situado en una placita peatonal en el centro histórico-modernista. Este bar, “la Ferretería”, conserva la decoración del antiguo establecimiento, en madera oscura, con los techos altos y cruzados de vigas. Hay cajones en los que aún se puede ver el nombre de lo que contuvieron, “tuercas”, “abrazaderas”… Comimos como reyes, además.
Por la tarde fuimos a casa de Martita, a leer poemas de Martí i Pol, que desgraciadamente pierden un montón al traducirse al castellano, y al francés no nos aclarábamos. Una pena que mon amour aún no controle el catalán. De allí a la playa, una playa que se mantiene bastante al margen del asalto urbanístico a nuestro litoral, a pesar de estar a pocos kilómetros de Tarragona.
Y tren a Barcelona, otra vez.
De camino al hotel subí a casa de mi colega Laurita, en la que no estaba. Y como la muchacha me tenía preocupá, con esto de no tener jamás el móvil enchufado, le dejé una nota en su puerta con mi número, por si aca.
Cenamos en el chaflán de Casanova con París al lado de tres megatontas que no pararon de decir subnormalidades, del tipo “Tiaaaa, estás sstupen, ¿cómo lo haces para estar tan divina? Jo tia, qué cutis tan fino…”. Suerte que este no se entera de la mitad, con lo que las patatas bravas le sentaron de lujo.
Al día siguiente me llamó Laurita, encantada de que le deje notas en su puerta con mi número. Teniendo en cuenta que vive en un 6º sin ascensor, ya puede estar contenta, ya. Quedamos para desayunar, tan encantadora como siempre, saliendo de la depre horrorosa que la ha tenido anulá durante el último año, ligando, con ganas de vivir, de salir de fiesta, de conocer gente, de currar, de viajar… Un gozo, como diría mi super-abu. Me alegré un montón de haber conseguido contactar con ella y de verla tan chachi piruli.
Tras esto, separación y despedida de mon amour. Qué poco rato dura la vida eterna….
***Con mi nueva cajita de pastis para dormir y decidida a superar la adicción a la nicotina me vine pa Madriz. En el tren empecé a escribir algo que tiene buena pinta, en un cuadernito de tapas duras de mega-pijo que me compré en Sants por 5 euros. En concreto, de todo lo que escribí me gusta una frase, “o tal vez escriba un cuento que hable de un árbol de flores rojas que murió abrazado a su amante de caderas de serpiente y mirada azul”. Mi particular obsesión al escribir por los árboles en los que nadie se fija, ya tengo 3 historias al respecto, dos de higueras y una de este árbol, que está en el margen de la vía entrando a Sants.
*** El domingo por la noche me tomé media pasti, y como si me hubiera tomado un trago de agua del grifo, robinet en francés. Así que el lunes me tomé la media restante, y una entera. Me dormí como un lirón, y a la mañana siguiente me desperté con 20 minutos de retraso, gracias a que mi móvil-despertador se da cuenta de que sigo durmiendo plácidamente e insiste al cabo de un ratito. Me tomé 3 cafés, pero that if you want rice, Cathaline.
A las 11 salí de currar, como todos los martes, porque para eso soy sstupen y yo lo valgo. En la puerta del insti me estaba esperando mi compi de piso y el chucho, para irnos a trepar al Barrancazo, un sitio chulísimo cerca de Sigüenza. Aproveché pa echar una siesta, tirada en el asiento trasero del coche, de pena. Paramos para tomar el cuarto café, que tuvo en mí el mismo efecto que un trago de botijo de loza. El Barrancazo me encantó, se accede por un caminucho entre campos de trigo de color dorado-verdoso, peinados por el vientecillo, cuajados de amapolas y de perdices (que mi perro asustó muchísimo, menudo es!).
La escalada buena, aunque como hace tanto tiempo no me acordaba de que con vaqueros no se puede una mover bien, y cada vez que levantaba la pata para hacer algún paso raro temía por mis costuras. Me subí un IV + y dos 6a fatalmente, agarrándome a las cintas, sufriendo por las arañas y demás bicharracos asesinos que viven en los tridedos, con dolores varios y, eso sí, desternillándome de risa. Creo que fue efecto de las pastis, me tronchaba de ver lo devorada que estoy, lo que ha perdido mi cuerpo en los meses que llevo sin calzarme los gatos. Menuda Lola estoy hecha, de verdad… Tuve que echarme una siesta pa arreglarlo. El freeke se sacó un 7a+ y le estuvo dando pegues a un 7b+ mas feo que tó, y al sol.
De vuelta pa casa paramos en Atienza a tomar un tinto de verano, el primero del año. Me sentó de muerte, creo que menos café y más vino me hubieran espabilado a primera hora de la mañana. Luego fuimos a Sigüenza, a cenar de tapitas a un bar mega-cutre donde me sirvieron, por 4 euros, las manitas de cerdo más deliciosas que me he echado a la andorga en mi vida. Ya sé que con lo fina que soy no me pega rechupetear metacarpianos porcinos, pero disfruté como una auténtica enana, mientras mi compi me miraba con cierto asco y deglutía un trozo de tortilla de patatas más triste que ná.
Tanto me espabilé con el tinto y las manitas que conduje yo hasta casa, 120 km. y tan fresca. A día de hoy no he vuelto a tomarme una pasti, ni a fumar, pero vuelvo a ser yo misma: me voy durmiendo por las esquinas.
***El resto de la semana, sin nada interesante, amén del estrés fin de curso, que han inagurado la piscina de la urbanización que okupo, que esta noche ha caído la del pulpo y que estoy deseando largarme de vacaciones.
***Estaba pensado en proponer a mi steriki que incluya manitas de cerdo en el menú de su boda... Menudo alegrón me daba...
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